La Intercesión de los santos ¿Qué dice la Biblia?

La Intercesión de los santos ¿Qué dice la Biblia?

La iglesia católica de Roma enseña entre sus fieles que los santos están en mayor intimidad con Dios, de tal manera que es provechoso el pedirles que interceden por los vivos ante Dios. Esto es  lo que llaman «la intercesión de los santos». ¿Qué dice la Biblia? ¿De dónde proviene esta enseñanza? ¿Podemos decir que es producto de conclusiones de hombres que fueron establecidas con el tiempo? ¿Qué dice la Biblia sobre esta práctica? En caso de no ser contrario a la Biblia, ¿puede permitirse? Y en caso no que la Biblia enseñe lo contrario, ¿debe seguirse haciendo? Vamos a analizar estos postulados y revisar lo que establece la Biblia antes de tomar cualquier decisión al respecto.

La intercesión de los santos

¿Qué es la intercesión? Interceder es ponerse en el lugar del otro ante alguien. En nuestro caso, es rogar a Dios por otra persona. En la Biblia hallamos diversos ejemplos de personas que interceden por otras. Por ejemplo está el caso de Abraham intercediendo por Lot (Gn 18:23-33). O de Moisés quien intercedió por el pueblo (Éx 32.11-14, 21-24; 33;12, etc.). En el NT vemos al apóstol Pablo quien oraba por los destinatarios de sus cartas (Rom 1:9; 2Co 13:7; Ef 1:15-19).

El punto crucial de este artículo es éste: la iglesia católica de Roma afirma que los santos, es decir, aquellas personas cuyas vidas de fe son un ejemplo, pueden interceder por los vivos. ¿Dónde enseña la iglesia católica que los santos pueden interceder? El catecismo de la iglesia católica (#956) dice lo siguiente: Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad…no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad.»

Allí establece que los santos, es decir, quienes ellos consideran que están en el cielo, pueden interceder por quienes están aquí en la tierra. Pero para ello (y que no lo explican) es preciso que cada creyente católico ore directamente a los santos, pidiendo que intercedan ante Dios. Un ejemplo de esto lo vemos también en su catecismo, en cuyo item (o número) 969 dice acerca de la Virgen María, que ella «continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna… Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora». Es decir, ya que María intercede, ellos la invocan.

Pidiendo a los Santos

El católico está enseñado a pedir a los santos para que éstos, a su vez, pidan a Dios. Toda petición que se haga a estos santos implica oración. Y con toda sinceridad y fe, los católicos acuden al santo de su devoción suplicando su ayuda. Por supuesto, como el católico está enseñado a hacer esto cree que es normal y correcto.

Pero preguntamos: ¿Quién está en lo correcto o, a quién obedecemos? ¿A alguna autoridad de la Iglesia, o a Dios mismo? Si Dios nos revela a través de la Biblia que sólo debemos pedirle a Él, y años más tarde la iglesia (llámese como se llame) comienza a decir que es mejor pedir a alguien más antes que a Dios, ¿no es esto desobedecer una orden directa? ¿No es la desobediencia una definición clara de lo que es el pecado?

Basta con que alguien, católico o no, abra una Biblia. Allí verá que todas las oraciones, sin excepción, son dirigidas a Dios. De hecho, cuando los discípulos pidieron a Jesús que les enseñara a orar, les dijo que oraran así: «Padre Nuestro que estás en los cielos…» (Mt 6:9; Lc 11:2). Y luego Jesús dice, enseñando a pedirle a Él también: «Es cierto, pídanme cualquier cosa en mi nombre, ¡y yo la haré!» (Jn 14:14, NTV). Esta enseñanza fue obedecida por los discípulos, pues vemos a Esteban orando a Jesús (Hch 7:59), así como hacían otros cristianos (Hch 9:14).

Entonces, si pedirle a Dios no es una enseñanza dada por Dios, ¿por qué obedecer a personas, desobedeciendo a Dios por ello?

Razones equivocadas: excusas o rebeldía

A pesar de que la orden de Dios es clara sobre las oraciones ,no obstante, algunas personas dan rienda suelta a su imaginación tratando de explicar su preferencia de oración a los santos, antes que a Dios. Por ejemplo, un beato católico, San Alfonso María de Ligorio, dijo en su libro «Las Glorias de María» que seremos más prestos o más pronto escuchados por María, que por Jesús». Evidentemente esto, además de ser una herejía, es una muestra de desconocimiento sobre Dios. Ningún ser humano puede tener mayores atributos que el Dios Eterno. Sólo Dios es omnipresente (como para estar con todos los que le invoquen a la misma hora en todo lugar), no María ni ningún Santo. Y sólo Dios es omnisciente (como para saber todos los pensamientos de quienes oren, incluso en silencio, en todo lugar).

Otros dicen que los santos pueden interceder porque la Biblia no dice lo contrario. Esto es otra excusa. La Biblia no sólo enseña que todas las oraciones son sólo a Dios, sino que dice que quien intercede por su pueblo es Jesucristo (ver Heb 4:14-16; 9:24). Pablo escribió:

¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. (Rom 8:24, NVI).

Así que, en lo que respecta a este tema, no sólo no hay ninguna instrucción bíblica para pedirle a algún santo (si lo hubiera, Dios se estaría contradiciendo), sino que no hay ningún motivo para pesar que algún santo (que no ha muerto ni resucitado), tenga más derecho, poder o acción que el propio Señor Jesucristo.

Textos Bíblicos fuera de contexto

Aparte de las excusas vistas anteriormente, algunos católicos intentan justificar su error utilizando algunos textos de la Biblia, sacándolos de contexto. Primero, algunos usan Job 42:8 en la que Job intercede por sus amigos. El problema aquí con este texto es que Job no había fallecido y seguía aquí con sus amigos. Esto es como si usted, querido lector, interceda por mí pidiéndole algo a Dios acerca de mí. Ese texto de Job no se ajuste a lo que venimos tratando aquí.

Otro texto que suelen usar es Apocalipsis 5:8. Aquí se habla de que «cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios» (NVI). El problema con este texto es que no dice que a los santos se les deba pedir. Llevar las oraciones (simbólicamente en copas) no es «recibir» las oraciones. El Salmo 141:2 es un ejemplo de que estas oraciones, como incienso, van dirigidas sólo a Dios. Y el hecho de que portaban arpas implica adoración, es decir, tanto ellos como nosotros, dirigen su atención al Señor.

Otros sugieren que Pablo ora a los muertos en 2Timoteo 1:16-18. Esto evidentemente es una mentira por la sencilla razón de que Onesíforo no había fallecido. Y Pablo no está pidiendo por Onesíforo en sí sino por la familia de éste, por su casa.

Otros afirman que la Biblia dice que los humanos serán como los ángeles (Mat 22:30), y que ya que los ángeles contemplan siempre el rostro de Dios (Mat 18:10), podemos esperar que intercedan. Primero: cuando la Biblia dice que seremos como los ángeles es respecto al matrimonio (afirmar otra cosa es descontextualiza el texto para enseñar un pretexto). Y que los ángeles estén frente a Dios no los convierte en intercesores a los cuales hay que pedirles.

Y por último, otros dicen que Jesús oró por los muertos al orar por Lázaro en la tumba de éste. Para ello citan Juan 11:41-43. Pero esa lectura no os muestra a Jesús orando por Lázaro, sino orando a Dios para resucitar a Lázaro. Y luego da la orden a Lázaro (no pidiéndole como si Lázaro pudiera hacer algo por alguien en el cielo, que es lo que significa «interceder»), para que salga de la tumba resucitado.

Un Caso como para no Desobedecer (y temer)

En la Biblia hay, sin embargo, un caso que no pasa desapercibido en este tema. Algunos recordarán el episodio en el que el Rey Saúl, deseoso de recibir respuesta y ayuda divina, fue a pedirle a un fallecido profeta Samuel. Esto podemos leerlo en el primer libro del profeta Samuel, capítulo 28. Para ello, Saúl pidió a una mujer que facilitara el diálogo ante alguien «del más allá». Dios lo juzgó y sentenció. La Biblia dice:

Saúl murió por haberse rebelado contra el SEÑOR, pues en vez de consultarlo, desobedeció su palabra y buscó el consejo de una adivina. (1Chr 10:13).

El «contacto espiritual» que hizo el Rey, ante alguien creado y no ante el Creador, le sirvió para ser juzgado severamente. La Biblia está escrita para nuestra exhortación y enseñanza. Esto no debe pasar desapercibido para ningún católico. Si de verdad quiere seguir y obedecer al Señor, es preciso pedirle y adorarle a Él. Hacerlo con alguien más es idolatría.

La Biblia condena la Intercesión de los santos

Ya hemos demostrado que la Biblia condena la intercesión de los santos. Principalmente, porque toda oración debe estar dirigida únicamente a Dios. Segundo, ningún «santo» puede escuchar nuestras oraciones debido a que ni es omnipresente, omnisciente u omnipotente. Y tercero, Jesucristo es quien intercede directamente por nosotros. La Biblia dice:

Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su vida como rescate por todos. ..(1Timoteo 2:5,6)

Así que tengamos la mejor disposición en enseñar estas verdades a nuestros amigos católicos. Con mansedumbre y reverencia (1Pe 3:15)  podremos comunicar el consejo de Dios a nuestros amigos católicos, pues sabemos que con la Escritura hay total garantía de verdad. Que el Señor nos bendiga.

Acerca del Autor

Juan Valles
Juan Valles
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Teólogo en formación, predicador del evangelio; apasionado por la apologética y la doctrina cristiana; se dedica al estudio de sectas y movimientos religiosos. Está casado y reside en Caracas.

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