El Problema del mal: ¿Dios no existe?

El Problema del mal: ¿Dios no existe?

Uno de los argumentos usados por ateos y escépticos contra la existencia de Dios es el problema del mal. Concluyen que el concepto de Dios omnipotente y omnibolente es contradictorio con el sufrimiento humano, y que la maldad imperante en el ser humano necesariamente testifica en contra de Dios. ¿Es cierto?

Epicuro y el problema del Mal

Epicuro de Samos, un filósofo griego en el 300 aC planteó un problema en el que el ateísmo cree estar como pez en el agua. Así lo planteó:

O bien los dioses pueden quitar el mal del mundo y no quieren, o estando dispuestos a ello no pueden; o bien ni quieren ni pueden, o, en último término, tienen capacidad para ello y están dispuestos. Si tienen voluntad de eliminar el mal y no pueden, entonces no son omnipotentes. Si pueden, pero no quieren, entonces no son benevolentes. Si ni quieren ni pueden, entonces no son ni omnipotentes ni benevolentes. Por último, si a la vez tienen capacidad para ello y están dispuestos a aniquilar el mal, ¿cómo es que el mal existe?

Basados en Epicuro los ateos y escépticos proponen el siguiente silogismo:

  1. Si Dios existe, entonces es omnipotente y benevolente.
  2. Si existiera un ser omnipotente y benevolente no existiría el mal en el mundo.
  3. Existe el mal y el sufrimiento, por lo tanto Dios no existe.

Aquí es donde un experimentado ateísta puede meter en un saco la fe de un creyente no preparado, haciéndole ver sólo dos opciones en las que Dios deja de serlo. Lo arrincona y le demuestra con esa lógica que Dios no es lo que el creyente pensaba, y que la fe puede ser irracional.

¿Por qué existe el Mal?

Cuando miramos de cerca el silogismo anterior vemos la falla. Allí suponen que el mal no debería existir por el hecho de que Dios sea omnipotente y todo benevolente. Se trata de eso: una suposición. Tal suposición les hace caer en una falacia de falso dilema, que consiste en presentar dos puntos de vista como las únicas opciones posibles cuando en realidad no es así. La existencia del mal no impide la existencia de Dios. Ahí está el problema del escéptico.

El mal proviene de la libertad que Dios le dio al ser humano. Le dio la posibilidad de hacer el bien o escoger hacer el mal. Que alguien se embriague y arrolle con su coche a un peatón es consecuencia de la libertad humana, y si se quiere, un efecto necesario de la creación.

Cuando analizamos la cosmovisión cristiana, nos damos cuenta de que Dios creó un mundo sin problemas, sin maldad, pero con seres con libre albedrío. Dios creó, el ser humano pecó, y el mal se apoderó. Esa libertad es la que parió a Caín, Acab, Stalin, Hitler, Mao Fidel Castro, o Pol Pot.

¿Y qué de las catástrofes naturales?

Las catástrofes no son un punto distinto. La libertad del hombre tiene el potencial de desencadenar tragedias. Dios no creó robots sino seres pensantes, libres, y esa necesidad de libertad en el ser humano enturbió en cierta manera el orden de Dios, pues en esa libertad el pecado entró en el mundo, y el sufrimiento llegó como consecuencia de ello.

¿Recuerdas la historia del pecado de Adán? Aunque tanto él como Eva fallaron desobedeciendo a Dios, Dios le dijo a Adán que la tierra ahora era maldita por su mala decisión, y que con ello llegaba el sufrimiento como un efecto, produciendo cardos y espinos (ver Gen 3:17,18).

El mundo está hecho con leyes. Viole una y tendrá sus consecuencias. Intente violar la ley de gravedad saltando de un edificio y notará la destrucción. El agua es buena, pero intente beber más de lo que debe o lanzarse al agua que no debe y verá el resultado. De igual manera: viole cualquier cosa, y encontrará sufrimiento.

El mal en sí mismo apunta a la existencia de Dios

Cuando un escéptico intenta hablarnos del mal en el mundo, lo menos que debemos hacer es devolverle la pelota. ¿De dónde proviene sus conceptos del mal? ¿Puede existir el mal sin existir el bien? ¿Y puede existir el bien sin existir Dios? Esto es una consecuencia ineludible, y que para nosotros es primordial.

Vayamos al principio. El ateo comienza diciendo que si Dios es benevolente debería equis o tal cosa, ¿recuerdas? ¿Qué significa entonces la bondad? Aquí es cuando devolvemos la moneda y es el incrédulo quien deberá explicar de donde proviene el bien y el mal, pues no puede haber un mal objetivo si no existe un bien objetivo, y el bien objetivo no puede sino provenir de Dios.

Un ejemplo de este punto lo provee Frank Turek en su libro Robandole a Dios: ¿Porque los ateos necesitan a Dios?. Allí dice en el capítulo cinco, que es sobre el mal:

Podríamos decirlo de esta manera: las sombras demuestran la luz del sol. Puede haber sol sin sombras, pero no puede haber sombras sin luz
solar. En otras palabras, puede haber bien sin mal, pero no puede haber mal sin bien; y no puede haber bien objetivo sin Dios.

Esto nos trae a la mente la famosa afirmación de C. S. Lewis sobre su problema con Dios: «Mi argumento contra Dios era que el universo parecía tan cruel e injusto… ¿Pero de dónde tengo yo la idea de justo e injusto? Un hombre no llama a una línea torcida a menos que sepa lo que es una línea recta. ¿Con qué estoy comparando este universo cuando lo llamo injusto?»

Ese es hoy el problema que debe enfrentar el escéptico.

El mal no es necesariamente un problema

Según la cosmovisión cristiana, vivimos en un mundo caído cuyas consecuencias son, a veces, momentos difíciles o sufrientes que nos quisiéramos evitar. El mismo Señor Jesucristo, siendo Dios, experimentó de estas consecuencias por voluntad propia y amor por su creación. Su oración en Getsemaní (Mat 26:36-44) nos demuestra que el sufrimiento es real, que no nos gusta o que queremos evitarlo a toda costa.

¿Dios evitó el sufrimiento de su propio hijo? No. De hecho, de no haber pasado por ese dolor hoy no tendríamos vida ni la fe cristiana habría impactado tan positivamente al mundo. Detrás del dolor y el sufrimiento está el propósito de Dios, y el no conocer ese propósito no impide ni limita la acción de Dios.

También hay que destacar que a veces confundimos lo bueno con el placer, y lo malo con el sufrimiento. Volviendo a la muerte de Jesús, ¿sufrió? Sí. ¿Fue malo? No necesariamente, de hecho fue el mayor bien que se la hizo, se le hace y se la hará a la humanidad por siempre: es la redención de Dios.

Estas cosas hay que hablarlas porque a veces un escéptico ha decidido serlo por alguna experiencia de este tipo, y al no entender la cosmovisión cristiana y lo que Dios podría estar haciendo, termina en el ateísmo por desconocimiento de lo que es el bien, el mal, y la bondad de Dios. Por supuesto, hay que hablar aquí con mucho tacto, respondiendo a cada quien con toda mansedumbre, reverencia y misericordia.

Que el Señor te bendiga.

 

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Acerca del Autor

Juan Valles
Juan Valles
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Teólogo en formación, predicador del evangelio; apasionado por la apologética y la doctrina cristiana; se dedica al estudio de sectas y movimientos religiosos. Está casado y reside en Caracas.

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