Respuesta Bíblica acerca del Infierno

Respuesta Bíblica acerca del Infierno

En la web está colgado un vídeo en la cuenta youtube de HopeMedia  llamado “La verdad en 2 minutos acerca del Infierno”, donde muestran su concepto del infierno y el castigo eterno, un concepto que está ganando adeptos debido a que en cierta forma suaviza los padecimientos de los condenados. Y es cierto, la idea de que la gente pueda estar sufriendo por una eternidad es repugnante y aterradora, y luego de mirar el vídeo lo más sensato es promoverlo si está en lo correcto, o denunciarlo si su contenido no es conforme a la verdad de la Biblia. Así que veamos los puntos más sobresalientes en el vídeo:

¿La palabra “infierno” no aparece en la Biblia?

Según el vídeo, la palabra infierno no aparece en la Biblia, sino que es un traducción de términos que originalmente no tenía nada que ver con fuego. Si esto es cierto, ¿cómo es que ahora entendemos su relación con el fuego? Ciertamente, la palabra “infierno” es de origen latino, significando “inferior” o “la parte de abajo”. Hoy día, según la connotación que tiene y su relación con el fuego, se usa como traducción del término griego gehena.

¿Qué es el gehena?

Algunos piensan que el gehena no es el infierno, sino un símbolo de consumación momentánea, una especie de incinerador que consume y aniquila de inmediato. Ciertamente había un basurero a las afueras de Jerusalén donde continuamente el fuego consumía la basura.

Robertson, el mayor erudito del griego bíblico, dice que «Gehena es una transliteración de Ge-Hinnom, valle de Hinom, donde los niños eran arrojados a los ardientes brazos metálicos de Moloc, al rojo vivo. Josías (2 R. 23:10) abolió estas abominaciones, y luego pasó a ser un lugar para echar todo tipo de desperdicios y basuras que quemaban constantemente, viniendo a ser un símbolo de castigo en el otro
mundo.»

Pero es la biblia la que nos da una descripción acerca del infierno tal y como lo conocemos hoy, y es precisamente la descripción de gehena la que ha definido el término. El Glosario Holman de Términos Bíblicos señala que «La palabra deriva de la transliteración de la frase hebrea del A T “valle de los hijos o del hijo de Hinom, una barranca al sur de Jerusalen… Habla continuamente fuego ardiendo en este lugar, por eso se convirtió en un símbolo de las llamas eternas del infierno donde los perdidos se consumen atormentados y también un símbolo del JUICIO Impuesto a la idolatría y la desobediencia.»

Así que vemos que gehena es lo que se traduce por “infierno”, y significa ser quemados por el fuego, una imagen que se extrae de un basurero que continuamente estaba ardiendo. ¿Hasta ahí vamos bien?

¿Desechamos la parábola del rico y Lázaro?

Algunos, como es el caso en este vídeo, creen que Jesús sacó su famosa parábola del rico y Lázaro de una leyenda egipcia llamada Bar Mayán. Dice que el propósito de la parábola es sólo para enseñar lo que está al final del pasaje, es decir, acerca de oir a Moisés y los profetas.

A esto preguntamos, ¿qué sentido tendría entonces decir una parábola sobre algo que no existe sólo para inferir que presten atención a las escrituras? Esto es como si Jesús dijera que un unicornio azul se paseó por Jerusalén y dijo a sus habitantes que revisen la Escritura acerca del tiempo de la venida del Mesías. No valdría la pena hablar una mentira para expresar una verdad. ¿Para qué hacer creer que sólo una parte de la parábola es verdad? Aquí hacemos ver al lector que esta parábola es tan digna de prestar atención que es la única donde Jesús utiliza nombres para sus personajes.

Ahora, de entre todas las parábolas de Jesús, ¿hay alguna donde haya dicho algo que no fuere cierto? En la parábola del sembrador es verdad que la semilla puede caer en diferentes sitios, y su interpretación no está alejada de la parábola en sí. La parábola de la moneda o la oveja perdida hablan de cosas que existen y suceden, no de cosas que no ocurren. La parábola de los talentos, la del mayordomo infiel, o cualquier otra, no dice cosas que no ocurran, todas se basan en hechos reales para explicar hechos reales, ¿por qué tendría que haber una excepción con la del rico y Lázaro? No hay duda, la parábola es real, enseña hechos reales (como todas demás), a menos que a usted le convenga que el infierno sea una mentira.

¿Una leyenda egipcia?

Sobre la leyenda egipcia y el rico Bar Mayán hay poco que decir, pero esto poco servirá para decir que no hay mucha similitud. Se trata de un relato en el que un niño va al lugar donde están los muertos, y lleva a su padre para mostrarle el destino de dos personas, cuyas sepulturas contrastaban por la riqueza de uno y la pobreza del otro. El pobre, a quien se intenta dar similitud con el Lázaro de nuestra parábola, está en el regazo de Osiris, una deidad egipcia.

Hay al menos dos preguntas que merecen respuestas para determinar si Jesús pudiera haberse copiado de una leyenda egipcia para enseñarnos algo que no ocurre. Por ejemplo, ¿cree usted que Jesús tomaría un relato acerca de un dios pagano y adaptarlo a su propia enseñanza? Es como si Jesús echara mano de las leyendas de la santería, el hinduismo o el budismo para explicar algo propio. No sé usted, pero yo no creo. Y, ¿cree usted que hay similitud en el relato egipcio y nuestra parábola, la una refiriéndose a sus sepulturas, la otra a sus modos de vida antes de morir? No, no hay mayor similitud.

Entonces, agradezca al editor del vídeo por recomendar acudir a google, y busque todo lo que pueda. Corrobará con esto que hay más diferencias que similitudes.

¿Y el fuego eterno?

Según el vídeo este fuego no significa necesariamente que arda por la eternidad con los impenitentes, o que el impío sufra eternamente. No descartan que haya fuego, pero sí enfatizan que el fuego consumirá de inmediato, destruyendo para siempre al impío, ¿es esto lo que nos dice la Biblia de forma general o es sólo un contexto determinado?

El ejemplo de Sodoma y Gomorra

Para ello hablan de Judas 1:7 y su mención a Sodoma y Gomorra. El pasaje dice: «como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.»

En este pasaje hay que aclarar algunas cosas. Cuando leemos “sufriendo el castigo eterno” es traducción de la palabra griega “hupechousai”, que significa mantener presionado abajo. Pero la palabra griega traducida como sufriendo es un participio presente activo, que expresa una acción continua o repetida. Utilizar el tiempo continuo sufriendo para ellos sería imposible si fueran aniquilados de la existencia.

A. T. Robertson confirma esto cuando dice que la palabra es un participio presente en voz activa de hupechö, que significa “sostener debajo”. Esto significa que podemos traducir el fragmento como que “están sufriendo el castigo eterno”.

Pero hay más. Judas utiliza el dativo plural masculino toútois, indicando que lo que arde no son las áreas geográficas precisamente (como infiere el vídeo al decir que las ciudades ya no están ardiendo). Por eso Simon Kistemaker, en su comentario a Judas, dice:

«los antecedentes más cercanos de este pronombre son los sustantivos Sodoma y Gomorra. Si bien Judas usa el nombre de las ciudades, en realidad se está refiriendo a sus habitantes. Nótese que el orden de la frase tὸν ὅµοιον tρόpον tούtοις tiene características especiales. Esta frase se encuentra entre el sustantivo Pόλeις (pueblos) y el participio aoristo femenino plural ἐκpορνeύsasaι. Lo que aquí tenemos es lo que se ha dado en llamar acusativo adverbial, o el uso no muy preciso del caso acusativo.»

Así tenemos otro poderoso argumento contra la errada enseñanza del vídeo.

El lenguaje destructivo

Es cierto que la Biblia utiliza un lenguaje de destrucción en algunos pasajes, pero ello no significa necesariamente exterminar de una vez para siempre. Por ejemplo, Isaias 29:20 dice:

«Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido; serán destruidos todos los que se desvelan para hacer iniquidad…»

La palabra “destruidos” no significa que dejen de existir. El término hebreo que se utiliza es “karat”, que significa cortar o talar un árbol. Se utiliza para expresar destrucción, pero cualquier cosa que se destruya o que se corte no deja de existir.

 

Un pasaje favorito de los aniquilacionistas es mateo 10:28

«No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.»

De este texto algunos se agarran para asegurar que el alma y el cuerpo serían destruidos en el infierno. Eso depende de lo que el Señor quiso decir con “destruir”. Veamos el porqué.

La palabra griega utilizada aquí es “apolesai”, que significa destruir o arruinar. Según Edward Vine en su diccionario, la palabra significa

«destruir totalmente; en la voz media, perecer. La idea que comunica no es la de extinción, sino de ruina; no del ser, sino del bienestar. Esto queda claro basado en el uso que se le da, como, p.ej., de la rotura de los cueros de vino (Luc 5:37); de la oveja perdida, esto es, perdida para el pastor, lo que es metáfora de la destitución espiritual (Luc 15:4, Luc 15:6, etc.); el hijo perdido (Luc 15:24); de la comida que perece (Jua 6:47); del oro (1Pe 1:7).»

Ciertamente esta palabra se utiliza de la oveja perdida y del hijo pródigo (de quien se dice que estaba “perdido”), y es digno de acotar que ni la oveja ni el hijo habían dejado de existir. Aparece también en mateo 12:14 así: «Salieron entonces los fariseos y se confabularon contra Jesús para destruirlo.» Es obvio que Jesús no quedaría aniquilado con esto, porque la palabra significa básicamente empobrecer, matar, arruinar su bienestar, etc., sin indicar nunca el dejar de existir. Por eso A. T. Robertson enseña que «”Destruir” no es aquí aniquilación, sino castigo eterno en la Gehena (el infierno real)…» O como dice McDonald en su comentario a Mateo: «Los discípulos no deberían temer a los hombres, sino que deberían tener un temor reverente hacia aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. Ésta es la pérdida mayor —la separación eterna de Dios, de Cristo y de toda esperanza—. La muerte espiritual es aquella pérdida que no puede ser medida y la suerte que debe ser evitada a toda costa».

En 2Ts 1:9 hay otra imagen de esta destrucción eterna: «Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder…». Significa una ruina total, eterna, no una mera quemada para dejar de existir eternamente.

 

Problemas para el aniquilacionalista

Los que apuestan por la aniquilación y no por el castigo eterno enfrentan algunos problemas evidentes. ¿Cómo se va a conciliar un texto donde explícitamente dice que el castigo es por los siglos? ¿Un ejemplo? Apocalipsis 14:10,11 dice, contrario a la aniquilación:

«beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido. Será atormentado con fuego y azufre, en presencia de los santos ángeles y del Cordero. El humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre.»»

Si el castigo fuere inmediato y cesara por haberse aniquilado, el humo de su tormento subiría sólo por un momento, pero no es esto lo que expresa el pasaje. Lea bien el texto, dice que ni de día ni de noche, sin reposo, sin descanso, excluidos eternamente, con una vergüenza eterna, con un castigo eterno, porque no consideraron que el precio que se pagó por ellos valía lo suficiente. Veamos otro ejemplo. El Señor Jesús nos dice en Mateo 18:8 dice:

«Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos o dos pies, ser echado en el fuego eterno.»

Luego, en el verso 9 añade:

«Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti. Más te vale entrar tuerto en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el fuego del infierno.»

En el verso 8 hay una palabra que resuena y resalta por sí misma, es el término griego aionios. Esta palabra es atemporal. Robertson dice que «Esta palabra significa sin edad, sin principio ni fin, como Dios». Se usa en Romanos 16:26 donde dice “Dios eterno”. Caer en el fuego eterno es caer en un fuego que no tiene fin, es un fuego que arde siempre. Y el mayor problema que tienen los aniquilacionistas con esto es que es la palabra para describir la duración de la vida eterna. Por eso uno de los versos obligatorios para explicar estas cosas es mateo 25:46, donde dice que «Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna». R.T. Kendall, en su libro “Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús”, dice que «Según este versículo, el infierno no puede ser aniquilación. Si ese fuera el caso, ¿por qué el fuego tendría que ser eterno?»

Y así seguimos indagando, si este castigo no es por la eternidad, entonces la vida eterna que promete Jesús tampoco es por la eternidad, pues se utiliza la misma palabra para ambos casos. Y, peor aun: tampoco Dios sería eterno, pues es la palabra que se usa para hablar de la eternidad de Dios.

Para terminar, nada mejor que observar a través de Tertuliano lo que se creía en la iglesia primitiva. Ya en pleno siglo II Tertuliano escribió:

«El fuego de los volcanes quema y no gasta, repara destruyendo, pues duran los montes que siempre arden… Esto será, pues, el testimonio de la eternidad del fuego que no se acaba; éste el ejemplo de la continua justicia que alimenta la pena. Los montes arden y duran. ¡Qué será de los condenados! ¡Qué de los enemigos de Dios!»

El vídeo de HopeMedia se llama “la verdad en dos minutos”. Creo que para un estudio serio no se necesitan sólo dos minutos, sino todo el tiempo que sea necesario. Espero que con esto no sólo tengamos una respuesta, sino que hayan sido aclaradas las dudas.

Que el Señor le bendiga.

Acerca del Autor

Juan Valles
Juan Valles
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Teólogo en formación, predicador del evangelio; apasionado por la apologética y la doctrina cristiana; se dedica al estudio de sectas y movimientos religiosos. Está casado y reside en Caracas.