¿Condena la Biblia el uso de Imágenes en el Catolicismo?

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Uno de los temas que más suele tratarse con nuestros amigos católicos es el tema de las imágenes. Basta con entrar en cualquier templo de la Iglesia Católica para notar la gran variedad de estas estatuas. ¿Condena la Biblia a los Santos e ídolos del Catolicismo? ¿Qué nos motiva a hablar de esto? Considero que es importante conocer si a la luz de la Biblia (donde en definitiva se plasma y conocemos la voluntad de Dios) estos actos son permitidos o, en su defecto, puede estar relacionado con el pecado de idolatría. En este artículo analizaremos si estos santos e imágenes son sólo decoración o ídolos promovidos por el catolicismo, y lo que dice la Biblia sobre la idolatría.

Al preguntar a cualquier católico sobre estas estatuas, dirá que son imágenes de los santos, y muy importantes para el catolicismo. Consideran que la comunión con los santos es algo fundamental, pues sería como una ayuda corporativa donde se incluye los favores no sólo de los creyentes vivos (que denominan iglesia militante), sino los que han muerto (y que distinguen entre iglesia purgante e iglesia triunfante). Creen que es vital la ayuda de quienes han fallecido, por lo que procuran honrarles, recordarles y solicitarles favores.

Ídolos e Imágenes

¿Qué son los ídolos? Un ídolo es una representación o imagen que sirve para hacer culto, o depositar nuestra esperanza. Es todo objeto, cosa o persona en el que ponemos nuestra atención con fines religiosos para esperar algo, pedirle, agradecerle o adorarle.

Nuestros amigos católicos hacen una clasificación no bíblica para argumentar su caso. Tratan de distinguir entre ídolo e imagen. Dicen que un ídolo es una representación de un dios pagano, repudiable desde el punto de vista bíblico. Y afirman que una imagen es otra forma de representación, pero que sería válida por no ser de un dios pagano, sino de algún santo, la Virgen o el propio Jesucristo.

Esta distinción es ajena a la Biblia. Dios no dice que podemos hacer figuras cristianas para postrarnos. De hecho prohíbe cualquier figura humana o de animales, ni de nada que haya en los cielos o bajo la tierra. ¿De dónde sale esto?

Un católico bien documentado intentará argumentar esto con algunos ejemplos de la Biblia en los que aparentemente Dios permitió el uso de imágenes. Analicemos esto.

Querubines en el Arca

En Éxodo 25:17-20, Dios ordena a Moisés agregar a la decoración del Arca, dos querubines de oro. Esto, según algunos católicos, sería una evidencia de que Dios permite la elaboración de imágenes religiosas.

Pero no olvidemos que estos objetos eran puramente decorativos: estaban sobre el arca y escondidos en el lugar más remoto del templo, al que sólo podía acceder el Sumo Sacerdote una vez al año. No era un objeto para hacerle culto, encenderle velas o postrarse para pedirle favores. Así que no sirve para alegar que se puede tener un ídolo (que es lo mismo que una imagen religiosa) para postrarse y colocar allí nuestra esperanza.

Querubines en el Templo

En 1Reyes 6:28-32 ocurre algo similar. Salomón construye un templo a Dios, y del lugar santísimo decoró  con imágenes de palmeras, flores y querubines. Por si fuera poco, también se escupió dos querubines. Esto tampoco estaba a la vista del pueblo, sino del sumo sacerdote, ni fue dado para postrarse a adorar o pedir. Son elementos decorativos como los que pudiera  haber en un vitral de alguna iglesia evangélica. Es obvio que esto tampoco sirve para promover lo que se hace en el catolicismo con sus imágenes.

La Serpiente de Bronce

Esto sí merece especial atención. Dios mandó a construir una serpiente de bronce y colocarla en un asta, para que todo el que la mire (no el que la adore, le encienda velas, le ruegue o se postre) sane exclusivamente de las picaduras de serpiente que Dios había permitido (Num 21:8,9).

Ahora, esta serpiente apuntaba a Jesucristo (Jn 3:14), quien sería puesto en alto y dará salvación a todos cuantos ponga en Él su esperanza. ¿El propósito de Dios fue que se idolatrara la serpiente? No. Pero si algo bueno nos muestra esto es que aunque Dios no quiera que se cometa idolatría, el corazón humano sí puede idolatrar cualquier cosa. La historia nos muestra que luego de esto el pueblo terminó poniendo su confianza en ello, hasta que fue derribada, un hecho narrado en la Biblia como algo bueno (2Re 18:4).

Como se puede ver, estos casos excepcionales no tienen nada que ver con lo que se hace en el catolicismo. Aunque nuestros amigos católicos usan esto como argumento, no obstante es irrelevante. La orden de Dios no cambia por estas cosas.

Adoración y Veneración

Hay dos términos cuya mención es casi obligatoria en esta conversación. Y de forma  casi automática nuestros amigos católicos afirmarán que ellos veneran pero no adoran a los santos o a la virgen, porque la adoración es únicamente a Dios. Estos términos, adorar y venerar, a la luz de cualquier diccionario, pueden ser distintos; pero en la práctica no hay distinción. Y es a lo que vamos.

Para el católico, no hay una forma de saber cuándo termina la veneración y cuándo comienza la adoración. ¿Podemos creer que sólo se respeta a un santo (o a la Virgen María) haciendo con ellos lo que Dios dijo que no hiciéramos con nadie? Por ejemplo, la Biblia dice que no debemos hacer figuras de ningún humano, que tampoco debíamos postrarnos, y que no debíamos honrar estas imágenes (ver Ex 20;4,5; Deut 4:15,16; 5:8,9) ¿Dijo Dios que habría alguna excepción a esto? No. Aunque el católico desconozca de qué se trate, esto es adoración. Y no debe hacerse.

¿En qué consiste la adoración?

La adoración consiste en algunas actividades que implican devoción o culto. Puede incluso tratarse de nuestra forma de vivir, buscando agradar a Dios (como lo dice Pablo en Romanos 12:1). Adoración conlleva el pedir u orar, el depositar nuestra confianza, en mostrar nuestra gratitud o incluso sumisión. Si todo esto lo hacemos con un santo o con la Virgen María, estamos cometiendo uno de los pecados más odiados y denunciados por Dios a lo largo de la Biblia: la idolatría.

Algunos católicos insisten en que ellos no tienen ídolos porque se postran ante imágenes cristianas, pero Dios no distingue si es una imagen cristiana o no, como tampoco deberíamos hacerlo sus hijos. Veamos un par de ejemplos: en Apocalipsis 19:10 Juan se encuentra con un ángel (fíjese que no es pagano). Al instante y por la impresión, se postró ante él…

Entonces caí a sus pies para adorarle. Y me dijo: No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que poseen el testimonio de Jesús; adora a Dios.

El ángel entendió que al postrarse Juan, de la forma en que lo hacía, implicaba adoración. Esto es algo muy común dentro del catolicismo: se postran ante cualquier estatua a pedirle o a expresar un respeto sólo atribuible a Dios. Otro ejemplo lo vemos en Hechos 10:25.26, que dice:

Cuando Pedro entró en la casa, Cornelio cayó a sus pies y lo adoró; pero Pedro lo levantó y le dijo: «¡Ponte de pie, yo soy un ser humano como tú!»

Con estos dos ejemplos basta para entender que no debemos postrarnos ante un ángel o algún ser humano (porque son criaturas al igual que nosotros), y mucho menos ante un ídolo o imagen (que es obra de nuestras manos (Is 2:8; Jer 25:7).

¿Qué es Venerar?

En la Biblia aparece el término «venerar», y en muchas se entiende como un respeto que no amerita nada de lo que ocurre en el catolicismo. Por ejemplo, se habla de Gamaliel, «maestro de la ley muy respetado (venerado) por todo el pueblo» (Hch 5:34). En Isaías 58:13 habla de respetar (venerar) el día de reposo. O en Hebreos 12:9 se habla del respeto a nuestros padres. Esto es importante aclarar porque el católico debe saber que respetar (que es lo que intentan hacer ver con «venerar») no implica postrarse, clamar, agradecer o ninguna de las actividades que sólo competen con Dios.

Aún hay más. El hecho de respetar algo religioso implica un riesgo de hacer algo indebido. En la Biblia cuando se habla del culto a la diosa Artemisa (ver Hch 19:27), se usa la palabra griega «sebo», que se puede traducir tanto por adorar como por venerar. En la Reina Valera se lee que la «venera» toda Asia, mientras que en otras versiones (incluida la Biblia de Jerusalen), nos indica que es adorada por toda Asia. Los que practicaban este culto tenían respeto y temor por Artemisa (Diana), a quien adoraban. ¿Qué podemos decir de quienes temen no cumplir una promesa a algún «santo» de su devoción?

El católico honesto notará que la distinción de estos términos fue enseñada para evitar que las personas disciernan que en vez de venerar, están cometiendo idolatría al dar un respeto, culto o atención a los ídolos que sólo se debe dar al Dios Vivo y Eterno.

¿Qué dice la Biblia sobre ídolos e idolatría?

Quizá a muchos les suena repetido estos textos sobre la idolatría. Y sí, es la insistencia de Dios, continuada, relevante, pertinente y clara. A través de Moisés Dios dijo:

No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. (Exodo 20:4)

En Deuteronomio 4:15-19 nuestro Dios justifica su prohibición: «ustedes no vieron ninguna figura de mí», por lo que cualquier figura (léase bien «cualquier») para hacer culto es un error. El mismo Dios que dice que no se debe hacer, es el que nos dice que esos pecados nos excluyen de la vida eterna. En 1Corintios 6:9,10 hay una peligrosa lista de pecados cuyo fin es una condenación eterna, y allí figura la idolatría. En Apocalipsis 21:8 hay una similar:

Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos recibirán como herencia el lago de fuego y azufre. Esta es la segunda muerte».

¿No es esto suficiente como para evitarlo a toda costa? ¿No percibimos el peligro de esto? ¿Prestaremos atención de forma tan sencilla a quienes nos dicen que esto es normal y bueno? La misma Biblia nos dice (Deut 13:1-5) que puede haber quien intente profetizarnos para llevarnos a adorar a otros dioses o cometer idolatría. ¿Qué harás?

Promoción Vaticana

¿Podemos creer que desde el catecismo se inculca o promueve la idolatría? Hace días afirmé en un post de instagram que estas cosas (el uso de imágenes para adoración o culto) se promueve desde Roma, y alguien me dijo que tal cosa es falsa. Pero en el catecismo leemos que debemos rogar a los santos porque nos cuidan (ver #2683). ¿Podemos pensar que en vez de pedirle a Dios, pondré mi esperanza en alguien creado cuando quien promete escucharme, responderme y cuidarme es el Dios Eterno? De hecho, en la Biblia Jesús enseñó a orar exclusivamente al Padre (Luc 11:2), o a Él mismo (Juan 14:14). Si varias personas a la misma ora y en diferentes partes del mundo le piden a Dios es porque reconocen que sus atributos de omnipresencia y omnisciencia le permiten estar en todas partes y conocer todas las cosas a la vez, además de tener poder para responder a todos. Un «santo» jamás tendrá estas cualidades.

También se enseña en el catecismo que los llamados «santos» interceden por nosotros (ver #956). Pero, ¿por qué obedecer al catecismo si la Biblia me dice en Romanos 8:26,27,34 que tanto el Espíritu Santo como Jesucristo interceden por mí? No es muy inteligente obedecer al catecismo antes que a la Biblia.

No olvidemos que ante la clara insistencia del catolicismo de acudir con los muertos para que intercedan a nuestro favor, la Biblia advierte que la necromancia es abominación ante los ojos de Dios, expresamente prohibida: «No sea hallado en ti… quien consulte a los muertos» (ver Deut 18:9-11).

¿En qué Concluimos?

Volvemos a la pregunta hecha al principio: ¿Condena la Biblia a los Santos e ídolos del Catolicismo? La respuesta es sí. Los llamados «santos» a los que se invoca en el catolicismo no pasan la prueba de calidad desde la Biblia. No son más que ídolos promovidos desde los dogmas de la iglesia católica de Roma ante el asombro de quienes desconocen estos temas.

En nuestras conversaciones con amigos católicos hay dos tipos de ellos: los que de forma honesta reconocerán que ignoraban estas cosas y sopesarán la evidencia antes de tomar una decisión, y los que fanáticamente cerrarán sus sentidos para no atender la verdad. Pero para ser francos oramos por cualquiera de ellos.

También oramos por cada creyente para que pueda dar razón de la esperanza plasmada en la Palabra de Dios, con mansedumbre y reverencia, estimando a cada quien.

Que el Señor les bendiga.

Acerca del Autor

Juan Valles
Juan Valles
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Teólogo en formación, predicador del evangelio; apasionado por la apologética y la doctrina cristiana; se dedica al estudio de sectas y movimientos religiosos. Está casado y reside en Caracas.

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