La Igualdad entre Jehová y el Ángel de Jehová

La Igualdad entre Jehová y el Ángel de Jehová

Ángel, en hebreo mal’ak, y en griego aggelos, tienen ambos sustantivos el significado de mensajero. El término «ángel», en su sentido literal, sugiere más bien la idea de oficio, y no de la naturaleza del mensajero. Procede de una raíz hebrea que significa trabajar, hacer una obra, y de ahí que «ángel» se usa para expresar el concepto de enviado, designando a un mensajero, heraldo, profeta, sacerdote, y también a los seres espirituales que son mencionados constantemente en las Escrituras tanto como mensajeros de Dios, portadores de buenas nuevas, o como ejecutores de los juicios de Dios (He. 1:7).

Cuando la Biblia se escribió era tan común que algún ser superior fuese divinamente enviado a los hombres como mensajero que, con el transcurso del tiempo, tales seres fueron llamados «ángeles». Así, pues, el término «mensajero» hay que entenderlo como término general en este sentido.

Ahora bien, el término Ángel de Jehová se encuentra frecuentemente en el Antiguo Testamento con relación a Dios asumiendo la forma de un ángel y tomando apariencia de varón, esto es, manifestándose en la persona del Hijo de Dios, el Cristo preencarnado.

El Ángel del Señor es el Mal’ak Yahwéh o Enviado de Jehová, título divino, pues otras veces es denominado como Mal’ak Elohim, el Enviado de Dios, y es sinónimo de un doble de Jehová, por cuanto supone la presencia directa del propio Yahvéh, bajo forma humana. Así el Enviado de Jehová, que aparece como siendo idéntico al mismo Jehová, mantenía el contacto sobrenatural del Dios personal y trascendente con su pueblo, porque Dios el Padre, en sus manifestaciones visibles, siempre habla por medio de Dios el Hijo, ya que el Hijo de Dios es el Verbo del Padre, su Lógos, la Palabra como expresión exhaustiva del Padre (Ap. 1:8, 11; 22:12-13. Es como si dijera: «Yo soy el diccionario completo de la verdad de Dios»).

Sin embargo, hay una notable igualdad entre Jehová y el Agente que ejecutaba los propósitos divinos, puesto que el Ángel de Jehová aparece claramente identificado con Jehová mismo. Por lo tanto, ¿a qué otra conclusión podemos llegar, sino que Él era el mismo Dios?

Es así como en tantos otros ejemplos que hallamos en textos del Antiguo Testamento se da una amplia indicación de que este Mensajero era, de hecho, el propio Jehová mostrándose visiblemente. La misma trascendencia de Dios se revelaba, manifestándose sensiblemente en tales casos, y de esta manera se comunicaba personalmente con los hombres como el Ángel de Jehová, quien –insistimos en el énfasis dada su relevante importancia– era Cristo en su estado preencarnado, porque Él es el único miembro de la familia de la Trinidad que se presenta en forma corporal como varón (Éx. 3:2, 4 con Hch. 7: 30; Éx. 19:18-20 y Nm. 34:5-6 con Hch. 7:38).

Notemos las siguientes peculiaridades que son harto iluminadoras:

  1. El Ángel de Jehová revela la faz de Dios: Gn. 32:30. El sustantivo hebreo Peniel o Penuel significa: «rostro de Elohim».
  2. En el Ángel de Jehová está el nombre de Jehová: Éx. 23:21. Cuando la Biblia habla del nombre de Dios, no se está refiriendo a una «etiqueta» o a un «apellido» que se nombre, ni consiste en dar a conocer su grafía en una combinación de letras que se hacen audibles o legibles, sino que la palabra «nombre», tal como es empleada en el mundo hebreo, y conforme al estilo semita, equivale a expresar la naturaleza y el carácter de la persona que lleva ese nombre, representando a la persona misma. (Lit. bekirbo, significando: «íntimamente, esencialmente, mi nombre está en él».)
  3. La presencia del Ángel de Jehová equivale a la presencia divina de Jehová: Éx. 32:34; 33:14; Is. 63:9. De todo ello se puede llegar a la conclusión de que el Ángel de Jehová era una verdadera Cristofanía o aparición de Dios en la persona del Verbo preencarnado.

Y esta interpretación está en consonancia con Miqueas 5:2, un texto muy controvertido entre los exegetas, pero que sin duda es eminentemente mesiánico, porque muestra la divinidad esencial del Mesías:

«Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad».

 

Este versículo profetiza acerca de Alguien que un día aparecería en Belén Efrata, pero que «sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad ». Belén (en hebreo beth-léjem) significa «casa del pan», muy apropiado para que allí naciese «el pan de la vida» (Jn. 6:35).

Y ¿qué significa tan misteriosa declaración acerca de «sus salidas »? Tales salidas ¿no podrían significar que se refieren a manifestaciones o apariciones visibles de la segunda Persona de la Trinidad Divina en la tierra? Porque la revelación de Dios por el Verbo no fue únicamente su nacimiento en Belén, sino que esta profecía de Miqueas parece venir a declarar también su presencia sensible entre los hombres en la persona del Ángel de Jehová.

Efectivamente. Cedemos ahora la palabra al Dr. Fco. Lacueva, quien siguiendo este misma línea exegética contribuyó con una valiosa aportación aclaratoria en una de sus disertaciones de estudio bíblico:

«El hebreo motsaotaim, del verbo yatsá (salir), puede traducirse por “salidas”, que es su sentido primario y directo, pudiendo significar también “orígenes”, en un sentido secundario. Pero voy a demostrar que “orígenes” quiere decir aquí “salidas”.

Etimológicamente, origo, en el sentido de orior (salir), oriente, el lugar del horizonte por donde sale el sol en los días equinocciales; orion en latín: “por donde se sale”. Y lo que en realidad quiere significar la frase es: “y sus salidas son desde tiempos antiguos, desde los días de antaño”. Esto dice el original. Que no se trata aquí del origen del Hijo de Dios del seno del Padre, se demuestra de dos maneras.

La idea, pues, de la eternidad del Mesías está subyacente al texto sagrado, pero la intención primordial del texto no es ocuparse de ese punto teológico, sino de sus múltiples salidas desde antiguo».

Primera, porque la fraseología da a entender que hubo un comienzo de salidas. ¿Cuándo? En el tiempo, no desde la eternidad. Desde la eternidad el Hijo de Dios no salió a anunciar, sino que procedía eternamente del Padre. Pero si quisiera decir esto con referencia a la generación eterna del Hijo, no diría “orígenes”. No hay más que un origen en el Hijo. Diría: “su origen es eterno”. Y se acabó.

Segunda, porque el hebreo tiene palabras suficientes para decirlo con claridad. Lo que quiere significar, por tanto, que este Hijo de Dios fue el gran Mensajero de Jehová desde tiempos muy antiguos y como tal tuvo múltiples salidas. Al estar en plural da a entender claramente que las salidas del Mesías han sido varias: en la creación, en sus apariciones a los patriarcas y, después, en muchas otras ocasiones.»

 

El Dr. Loraine Boettner dice: «A la luz del Nuevo Testamento, este Ángel de Jehová que aparece en los tiempos del Antiguo Testamento, que habla como Jehová, que ejerce su poder, que recibe adoración, y tiene autoridad para perdonar pecados, no puede ser sino el Señor Jesucristo, quien, al igual que ese Ángel:

  • Procede del Padre: Jn. 16:28.
  • Habla por el Padre: Jn. 3:34; 14:24.
  • Ejerce el poder del Padre: Mt. 28:18.
  • Perdona pecados: Mt. 9:2, 6. (Compárese con Éx. 23:20-21.)
  • Recibe adoración: Mt. 14:33; Jn. 9:38.

Si este Ángel no fuese Cristo, entonces la pregunta: ¿quién era ese misterioso personaje, ese ángel?, no tendría respuesta».

Acerca del Autor

Eugenio Danyans
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Escritor y ensayista español, Eugenio Danyans es conocido por sus libros sobre platillos volantes y varios aspectos de la Biblia, llegando a relacionar ambos temas en varias ocasiones.