Las Concepciones Antagónicas de Dios

por C. S. Lewis |

Se me ha pedido que diga qué es lo que creen los cristianos, y empezaré por señalar una cosa que los cristianos no tienen que creer. El que es cristiano no tiene por qué creer que todas las demás religiones se hallan enteramente equivocadas. El ateo tiene que creer que el punto principal de todas las religiones que hay en el mundo es sencillamente una gigantesca equivocación. El cristiano se halla en libertad de pensar que todas las otras religiones, aun las más estrafalarias, contienen al menos una pequeña porción de la verdad. Cuando yo militaba en el ateísmo tuve que tratar de persuadirme de que la mayoría de la raza humana siempre había estado equivocada en cuanto a lo más importante. Cuando me hice cristiano estuve en posibilidad de sostener un punto de vista más liberal. Por supuesto, ser cristiano significa pensar que en aquello en que el cristiano difiere de todas las demás religiones, el cristianismo está en lo cierto y todas las otras equivocadas. Tal como sucede con la aritmética, existe sólo una respuesta para una suma dada, y todas las demás respuestas están equivocadas; pero algunas de estas respuestas equivocadas se hallan más cerca que las otras de la respuesta correcta.

La primera gran división de la humanidad se da entre la mayoría que cree en alguna clase de Dios o de dioses, y la minoría que no cree en El o en ellos. En este punto el cristianismo se halla alineado con la mayoría: con los antiguos griegos y romanos, con los salvajes modernos, los estoicos, los platónicos, los hindúes, los mahometanos, etc., en contra de los modernos materialistas de la Europa Occidental.

Veamos ahora la segunda gran división. La gente que cree en Dios puede dividirse de acuerdo con la clase de Dios en el cual cree. Existen dos ideas muy diferentes en cuanto a este tema. Una de ellas es la de que Dios se halla más allá del bien y del mal. Los humanos calificamos una cosa como buena y la otra como mala; pero de acuerdo con lo que creen algunos, esto no es más que nuestro punto de vista humano. Ellos sostienen que mientras mayor conocimiento se obtenga, menos inclinado se halla uno a dividir las cosas entre buenas y malas y más claro se llegará a ver que en un sentido todo es bueno y en otro sentido todo es malo, y que nada pudo haber sido diferente. En consecuencia, esta gente piensa que mucho antes de llegar al punto de vista divino, esta distinción entre lo bueno y lo malo habrá desaparecido del todo. Dicen que determinamos que un cáncer es malo porque mata al hombre; pero que de igual manera podríamos llamar malo a un cirujano experto porque mata al cáncer. Todo depende del punto de vista que se tenga. La otra idea opuesta a la ya dicha es la de que Dios es definidamente “bueno” o “justo”, que es un Dios que toma partido, que ama el amor y odia el odio, que desea que nos comportemos en una forma determinada y no en la otra. Al primero de estos puntos de vista, que dice que Dios se halla más allá del bien y del mal, se le conoce como panteísmo. Fue sostenido por el gran filósofo prusiano Hegel y, hasta donde lo entendemos, por el hinduismo. El otro punto de vista es sostenido por los judíos, los mahometanos y los cristianos.

Y al lado de esta gran diferencia entre el panteísmo y la idea cristiana en cuanto a Dios, por lo general hay otra. Por lo común los panteístas creen que Dios, por decirlo así, anima el universo como el hombre anima su propio cuerpo; que el universo casi es Dios, que si él no existiera tampoco existiría Dios, y que todo lo que hallamos en el universo es una parte de Dios. La idea cristiana de Dios es completamente distinta. Creemos que Dios concibió y creó el universo como el hombre que pinta un cuadro o compone una partitura musical. El pintor no es un cuadro y no muere si su pintura es destruida. Se puede decir que él “pone mucho de sí mismo en el cuadro que pinta”, pero con esto sólo se quiere dar a entender que la belleza e interés del cuadro brotó de su mente. La habilidad del pintor no está en la pintura en el mismo sentido en que se halla en su cabeza o en sus manos. Esperamos que se note cómo esta diferencia entre los panteístas y los cristianos se une con la otra. Si no se toma muy en serio la diferencia entre el bien y el mal, es fácil decir que todo lo que se halla en el mundo es parte de Dios; mas si se piensa que algunas cosas son realmente malas, y que Dios es realmente bueno, no se puede hablar en esta forma. Se debe creer que Dios se halla separado del mundo y que algunas de las cosas que vemos en el mundo son contrarias a la voluntad divina. Confrontado con un cáncer o con una barriada miserable, el panteísta puede decir: “Si pudieras verlo desde el punto de Dios”. El cristiano replica: “No digas insensateces”, parte de Dios”. El cristiano replica: “No digas insensateces. Porque el cristianismo es una religión batalladora. Piensa que Dios hizo el mundo; que el espacio y el tiempo, el calor y el frío, los colores y los sabores, y todos los animales y los vegetales, son cosas que Dios inventó tal como un hombre inventa cuentos. Pero también piensa que gran parte de las cosas que hay en el mundo han tomado un rumbo equivocado y que Dios insiste, y en forma muy vigorosa, en que nosotros las restauremos.

Y esto, por supuesto, suscita una gran interrogante. Si el Dios bueno hizo el mundo, ¿por qué éste ha tomado el sendero torcido? Por muchos años simplemente rehusé yo poner atención a las respuestas cristianas, porque mi posición era ésta: “Por mucho que digan, y por más sutiles que sean sus argumentos, ¿no es mucho más sencillo y más fácil decir que el mundo no fue hecho por un poder inteligente? Todos sus argumentos, ¿no .son sencillamente un intento complicado de evitar lo que es obvio?” Pero eso me llevó a verme envuelto en otra dificultad.

Mi argumento en contra de Dios era que el universo parecía demasiado cruel e injusto. ¿Pero de dónde había obtenido esta idea de lo justo y lo injusto? Nadie dice que una línea está torcida a menos que tenga una idea de lo que es una línea recta. ¿Con qué estaba comparando este universo cuando decía que era injusto? Si todo era tan malo y tan sin sentido de la A a la Z, por decirlo así, ¿por qué yo, que suponía ser parte de este todo, reaccionaba en forma tan violenta en contra de él? Un hombre se siente mojado cuando cae en el agua porque el hombre no es un animal acuático; un pez no se siente mojado. Por supuesto que habría podido dejar de lado mi idea de la justicia al decir que ella no era sino una idea personal. Pero si hacía tal cosa, mi argumento en contra de Dios se venía al suelo; porque el argumento dependía de decir que el mundo era injusto y no simplemente que no satisfacía mi fantasía privada. Así que en el mismo hecho de tratar de probar que Dios no existía -en otras palabras, que toda la realidad carecía de sentido- me vi forzado a reconocer que una parte de la realidad, o sea mi idea de la justicia, estaba llena de sentido. En consecuencia el ateísmo se convierte en algo demasiado ingenuo. Si el universo entero no tuviera sentido, nunca habríamos hallado que carece de sentido, de igual modo que, si no existiera la luz y por lo tanto criaturas con ojos, nunca habríamos llegado a conocer la existencia de las tinieblas. Las tinieblas serían un concepto carente de sentido.