La Biblia y la Tradición católica: ¿Qué autoridad seguir?

La Biblia y la Tradición católica: ¿Qué autoridad seguir?

Una diferencia capital entre católicos y evangélicos es lo concerniente a la autoridad: los católicos creen que la Palabra de Dios es compuesta tanto por la Biblia como por la tradición católica, mientras que los evangélicos consideramos a la Biblia como nuestra única fuente de autoridad.

De esta diferencia se desprenden la mayoría de las discrepancias entre todas las denominaciones cristianas respecto al catolicismo. Por ello, un católico no verá problema alguno en postrarse ante la estatua del Arcángel Miguel, mientras que un evangélico verá en ello un acto de idolatría. Al primero se le ha enseñado mediante la tradición que hacer culto a las imágenes es normal y provechoso, mientras que el segundo, amparado en las Escrituras, dirá que es idolatría y abominación. ¿A quién creerle?

¿Tradición, Escritura o ambos?

¿Qué debemos considerar como nuestra fuente de autoridad? ¿Tomamos únicamente la Biblia o a ésta le añadimos la interpretación o tradición histórica de la iglesia? ¿En qué se basa nuestra percepción de la autoridad divina? ¿Qué espera Dios que tomamos para nuestros asuntos de fe? Para responder estas preguntas necesitamos definir la tradición desde el punto de vista católico junto a lo que establece la Biblia.

Para los católicos, ¿Qué son las tradiciones?

El catecismo de la iglesia católica enseña que “la tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo” (ver 83). Esto, debido a que cuando no existía el Nuevo Testamento, las enseñanzas se daban de manera oral. En esto, por supuesto, estamos de acuerdo. Por eso Pablo escribe lo siguiente:

Así que, hermanos, sigan firmes y manténganse fieles a las enseñanzas que, oralmente o por carta, les hemos transmitido. (2Ts 2:15 NVI).

Los cristianos creemos que al no haber escritos del Nuevo testamento, estas enseñanzas se transmitieron de forma oral hasta que se pusieron por escritas. Y estando escritas, era imposible que se exageraran o distorsionaran debido a que los testigos presenciales estaban vivos todavía. De tal manera que la tradición oral se mantuvo mientras no había escritura y vivían los apóstoles o testigos presenciales.

Pero ya no es necesario si tenemos la verdad revelada en la Escritura e inspirada por el Espíritu Santo.

No olvidemos el Magisterio

A pesar de esto el catolicismo va más allá de esta afirmación, e involucra en la “tradición” cualquier enseñanza que consideren necesaria, y allí comienzan las diferencias. La tradición es un grupo de creencias no necesariamente bíblicas. El argumento en este punto es que piensan que pueden emitir afirmaciones, verdades o dogmas de manera infalible como si se tratase del mismo Nuevo Testamento.

El catolicismo involucra en todo esto la función docente de la Iglesia, a través del papa y los obispos (quienes serían sucesores de los apóstoles), que no es más que la interpretación que desde ellos ha de impartirse en los fieles; es decir, cada dogma ha de ser aprobado para ser comunicado y creído.

Estos dogmas, cuando no son bíblicos, deben creerse por igual. Por ello consideran como verdad que María fue llevada asunta al cielo, que existe un purgatorio en el cual se purifican los pecados de los salvados antes de ingresar al cielo, que María nació y vivió sin pecado como Jesús, etc.

Entonces, para el catolicismo, también será autoritativo la opinión de los papas, la enseñanza de los obispos, la enseñanza histórica de la Iglesia Católica, la interpretación del Magisterio católico, e incluso, la opinión de los fieles. Y estas creencias o enseñanzas tienen tanto o más valor para el catolicismo que las Escrituras inspiradas por Dios. Dicho de otra manera: el catolicismo está por encima de la Biblia, aunque digan lo contrario.

La Autoridad inspirada

Ahora hablemos brevemente sobre la Biblia. ¿Por qué considerarla como nuestra única regla de fe o autoridad? Porque es el mensaje de Dios (Mateo 4:4,7,10), y que con propósito fue inspirado por Dios (2Timoteo 3:16) para nuestra salvación (Juan 20:31), transformación y edificación.

Nuestro Señor Jesús dijo que debíamos escudriñar las Escrituras (Juan 5:39), no la tradición. Al resucitar, le mostró a dos discípulos el testimonio que sobre Él daban las escrituras (Lucas 24:45), no la tradición. Cuando Satanás tentó a Jesús, el Señor respondió fue con las Escrituras (Lucas 4:1-13).

Además de estas citas, hay un coro enorme de cómo las Escrituras nos muestran y revelan la verdad, por lo que escribió Pablo: «con el fin de que aprendan de nosotros aquello de «no ir más allá de lo que está escrito»» (1Cor 4:6). Cuando necesitamos sabe algo sobre la fe o sobre Jesús, sus mandamientos para obedecer, acudimos estrictamente a las Escrituras.

Tradiciones en la Biblia

Es imperativo hacer una diferencia entre lo inspirado y lo que no lo es. Y aquí es donde la Biblia, inspirada por el Espíritu Santo, se distingue de las opiniones de los humanos. Y por muy creyentes que seamos, por muy fieles, devotos y conocedores de las Escrituras, nuestras palabras no tienen el peso de lo que dice la Biblia. Ningún ser humano, aun siendo parte de la Iglesia, ha de osar que sus afirmaciones tienen el mismo peso que el de la Biblia.

Reconocemos que las enseñanzas de los apóstoles pasaron de forma oral, pero al quedar por Escritas se garantizaba que nadie exagere, tergiverse o mienta sobre ello. Y aunque no todo quedó por escrito (Jn 21:25), Juan afirma que lo que sí se escribió cumple su propósito: alcanza para obtener salvación (Jn 20:30,31).

Además de esto, es importante saber que la Biblia reconoce que existan tradiciones, pero nada de esto debe compararse a lo que dicen las Escrituras (casualmente lo que estamos tratando aquí). Podemos verlo en labios de Jesús cuando pregunta: «¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición?» (Mateo 15:3).

Esta pregunta de Jesús sigue retumbando como un estruendo a través de los siglos: ¿por qué quebrantan los mandamientos (la Escritura) a causa de sus tradiciones?

Un ejemplo conocido

La Biblia no es opcional. Las tradiciones sí: si una tradición se justifica con la Biblia, podemos aprobarla porque aprobamos la Biblia. Esa es la medida. Y aunque hay muchos ejemplos de dogmas católicos que deberían abandonarse por considerarse enseñanzas humanas, herejías o sectarias, no obstante voy a citar un solo ejemplo relativamente nuevo.

En 1950 el papa Pío XII proclamó el dogma de la asunción de María, es decir, la enseñanza de que la virgen María habría sido llevada al cielo corporalmente. Por supuesto, esto no es una enseñanza bíblica, pero la tradición católica enseña que el papa puede hablar de forma inerrante en asuntos de fe, y decretar dogmas (por supuesto, otra enseñanza fuera de la Biblia).

Viendo todo esto podemos entender porqué la tradición católica se defiende con los dientes: si se comprueba que es falsa entonces se cae siglos de dogmas católicos que impiden que el catolicismo crea exactamente lo que dice la Biblia y, en consecuencia, ser similar a cualquier iglesia evangélica.

¿Qué es la Sola Scriptura?

Se denomina «sola scriptura» al principio teológico que proclama que sólo la Biblia es la autoridad final en asuntos de fe. Este principio fue el grito de guerra de la reforma protestante ante los dogmas ajenos a la Biblia que históricamente han caracterizado a la iglesia católica.

Aunque la Iglesia Católica ha argumentado que el principio de sola scriptura no es bíblico, se equivocan. Así como se cree en la doctrina de la Trinidad sin que el término aparezca textualmente en la Biblia, igual ocurre con la sola scriptura, pues notamos en la Biblia sus principios que impiden que creamos algo fuera de ellas: Dios es el Autor de la Biblia, su Palabra no cambia ni pasará; no ha venido por voluntad humana (2Pedro 1:20,21); nadie puede añadir o quitar de ellas (Apo 22:18,19), y las Escrituras son  interpretadas por las propias Escrituras (Hch 17:11).

El Peligro de lo no escrito

Como dije antes, los apóstoles transmitieron sus enseñanzas de manera oral mientras no había nada escrito. Pablo lo dijo (2Ts 2:15). Pero luego de escribir y morir ellos, el testimonio quedó allí plasmado. Nadie puede enseñar algo distinto a lo ya establecido, pues por Dios ha sido inspirado (2Ti 3:16).

Por eso rechazamos cuando, por ejemplo, alguien nos insta a creer que el Espíritu Santo es nuestra madre, una pésima enseñanza que dan algunos sobre la base de suposiciones y no de la Escritura; o que Jesús no es Dios, otra pésima enseñanza, característica de los testigos de Jehová aunque la Biblia enseña lo contrario.

Esto es lo que tienen que ver nuestros amigos católicos: se debe tener cuidado con cualquier enseñanza contraria o ajena a las Escrituras, pues nadie está por encima de Dios. Jesús dijo que la Escritura no puede ser quebrantada (Jn 10:35), y Pablo, inspirado por Dios, dijo que todo hombre es mentiroso, mientras Dios es veraz (Rom 3:4).

Oramos a Dios para que nos permita enseñar esto adecuadamente a nuestros amigos católicos, y que nuestro buen Señor nos permita hacer apología coherente y audazmente, amparados en su Palabra.

Que el Señor les bendiga.

Acerca del Autor

Juan Valles
Juan Valles
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Teólogo en formación, predicador del evangelio; apasionado por la apologética y la doctrina cristiana; se dedica al estudio de sectas y movimientos religiosos. Está casado y reside en Caracas.