Un Falso Cristo para cada Cristianismo errado

Un Falso Cristo para cada Cristianismo errado

La visión distorsionada que podamos tener sobre un hecho o persona, va a afectar irremediablemente en nosotros. Si se trata sobre aspectos prácticos en nuestras vidas, entonces el impacto va a ser mayor, hasta mortal. Imagine que usted es un cirujano, pero a diferencia de todos los demás usted entiende que es un error esterilizar sus instrumentos antes de realizar una operación. Su creencia errada va a traer consigo consecuencias fatales, pues su paciente puede morir y usted sería acusado de mala práctica médica, o hasta de asesinato. Este ejemplo sencillo muestra las consecuencias que pueden traer sobre nosotros las creencias que se relacionan con nuestra vida práctica, pues si las mismas son erradas, y dependiendo el área, podemos causar grandes daños a otros o a nosotros mismos.

El cristianismo es más que una filosofía o ideología, es un llamado vivo de parte de Dios a vivir una vida santa en Cristo Jesús. Ahora, el mismo no está exento de poseer creencias o doctrinas que son las que nos van a ayudar a vivir esta vida cristiana como Dios espera. El texto bíblico es muy enfático en la relación estrecha que existe entre la doctrina y la práctica de la misma, a tal punto que dice:

Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. ─ 2 juan 9

Para dar una explicación sencilla, este texto nos dice que la aplicación de creencias o doctrinas erradas nos puede llevar a no tener a Cristo, a vivir un cristianismo errado. Por dicha razón es que debemos procurar tener una vida práctica según Cristo, para ser hallados en un verdadero y genuino cristianismo.

En la actualidad tenemos un problema con olvidar esta verdad. Muchos siguen un Cristo distorsionado o a su gusto. Algunos por ignorancia, otros por placer y porque dicho cristo se ajusta a ellos y no ellos a él. Seleccionan lo que les gusta y desechan lo que no, para así formar una nueva especie de cristianismo personalizado. Dentro de los mismos tenemos:

El Cristo que no es Señor, sino un buen maestro.

Este cristianismo no busca un Señor, sino que busca un modelo influyente en la historia, uno que sea relevante pero que pueda ser criticado para ser superado por su seguidor. Un buen maestro moral, un filántropo que sea punto de apoyo para muchas proezas. Pero, nunca uno que exija que debas vivir como él lo hizo si quieres ser considerado su discípulo.

El Cristo que es Señor y Dios solo para darme beneficios.

Tenemos aquí un cristianismo que necesita a un socio, un lacayo que esté dispuesto a satisfacer mis caprichos cueste lo que cueste, y que nunca me cuestione por ello, pues eso no sería ir a favor de mis beneficios. No interesa un Cristo que nos pide tomar nuestra cruz y seguirle, muchos menos uno que nos prometió aflicciones en este mundo. Lo que este cristianismo busca es un sirviente con súper poderes, presto todo el tiempo para darme lo que anhelo.

El Cristo que me salva y es indiferente.

Queremos que alguien nos compre una casa, y no que luego de, nos diga cómo vivir en ella. Queremos que nos paguen el boleto de avión para viajar a lugares seguros y de bienestar, pero no queremos que nos digan cómo hay que vivir en esos lugares. Este es el tipo de cristianismo que busca a un Cristo que les de vida eterna, que se la garantice, pero luego de eso, que sea indiferente a como comienzo a vivir esa vida eterna ahora.

Un Cristo revolucionario.

Este tipo de cristianismo busca con ansias un Cristo revolucionario de todas las causas sociales. Pero, el mismo no quiere los discursos de este que sean ajenos a esta causa, solo los que aparentemente se relacionan. Lo que sí quiere sobre toda las cosas es una imagen imponente, un tipo de Che Guevara, que al mostrar su imagen en cualquier causa revolucionaria conmueva a todos, y todos quieran sentirse identificados con estas luchas.

El problema garrafal con este tipo de Cristo es que es un bipolar e inconstante, pues el mismo pretende ser usado para causas que son abiertamente opuestas. Pretende ser usado por la derecha como por la izquierda. Y, es imposible que la misma persona sea partidarios de causas opuestas. Pero, como eso no es lo que importa, sino solo su imagen, este cristianismo necesita su figura imponente para cautivar a las masas en sus causas.

Un Cristo anticuado.

El peor de todos los cristianismo busca un Señor que sea el salvador, pero uno cuyo mensaje ya no sea aplicable hoy, sino que necesite la reinterpretación de sus seguidores para adecuarlo a los tiempos. Así, este Cristo puede ser gay-friendly, pues dicha práctica no era “común” en la época, y de seguro que si él pudiera decir algo hoy, estaría a favor de ellos.

Toda enseñanza histórica de él es desechada o reemplazada. Ya no estamos en su época.

Al final de todo esto tenemos un común denominador, pues en cada cristianismo errado hay un Cristo mudo, uno que no tiene suficiente autoridad como para decirnos lo que debemos hacer si queremos ser sus discípulos. Han cerrado la boca del único que puede decirnos cómo debemos vivir cristianamente, para que sus seguidores sean lo que establezcan esto. Cristo pasa a un segundo plano, y ya no es él quien nos pide tomar su cruz, sino que ellos son los que le dicen a él: toma nuestras cruces y síguenos.

El único Señor y Dios que es digno de seguir es aquel que resucitó de entre los muertos, venciendo la muerte, y que tiene autoridad para decirnos:

…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. ─ Lucas 9:23

 

Extraído del Blog de Carlos Rodríguez y publicado con su permiso.

Carlos Rodriguez
Carlos Rodríguez

Evangélico pentecostal y esposo afortunado de mi amada Carolina. Soy predicador, maestro, bloguero, apologista y conferencista. Estudio ing. Eléctrica y me fascina la química. Poseo un grado asociado en Teología y estoy certificado en filosofía; filosofía y ciencias; filosofía, ciencia y religión; pensamiento crítico; pensamiento científico y poseo una especialización en liderazgo.

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